EL CUADERNO CAVERNARIO · Nº 1
Una habitación propia en la caverna – Chapa
Sobre el trabajo invisible, las expectativas del mecenazgo y mis ganas de volver a escribir desde la caverna.

Hace unos cinco años abrí una cuenta en Patreon…
No duré mucho, apenas unos meses, debido a que servidora tenía una concepción un tanto romántica de lo que significaba patrocinar a una creativa.
Lo interpretaba como una especie de mecenazgo contemporáneo en el que algunas personas decidían aportar una pequeña cantidad de dinero para ayudar a sostener el trabajo de alguien cuya actividad les interesaba.
En mi caso eran siete euros al mes, una aportación que entendía como una manera de apoyar mi trabajo artístico, cultural y divulgativo, más todo ese trabajo invisible que hacemos quienes nos dedicamos a estas cosas y que no siempre termina convertido en un objeto, una publicación o un servicio que se pueda vender.
Por aquel entonces estaba bastante metida en la construcción de un amago de colectivo cultural local que, finalmente, no terminó de funcionar.
También participaba en asociaciones, recibía propuestas de colaboración que unas veces aceptaba y otras rechazaba, preparaba proyectos y dedicaba una cantidad considerable de horas a cuestiones relacionadas con la gestión cultural…Y eso era, precisamente, lo que compartía en Patreon.
Os diría que casi lo utilizaba como un diario, les contaba a mis suscriptores en qué andaba metida, cómo avanzaban las cosas, qué dificultades me encontraba o qué proyectos tenía entre manos.
Un pequeño acceso a los entresijos cotidianos, pero pronto me di cuenta de que algunas personas esperaban otra cosa.
Había quienes entendían que, si estaban pagando siete euros mensuales, debían recibir un contenido concreto nuevo todas las semanas. Aquella aportación no era tanto un apoyo al trabajo invisible de una autora como el pago por un servicio que debía proporcionarles una satisfacción concreta. Fue ahí cuando se me explotó el globo y me encontré con una cuestión que no había contemplado: ¿en qué momento patrocinar a una artista empieza a parecerse a contratarla para que nos entretenga? Y la respuesta es que había sido un poco ilusa.
Parte de mí entendía aquello casi como una donación, ¡pero! también comprendí que mi planteamiento podía interpretarse como una aspiración bastante interesada de cobrar sin ofrecer nada a cambio.
Una interpretación nada descabellada, porque una aportación mensual también puede percibirse como el pago por un servicio, y los servicios suelen llevar aparejadas determinadas expectativas…El problema no era necesariamente que alguna de las partes estuviera equivocada, sino que NO estábamos participando del mismo acuerdo…Así que cerré Patreon.
Ni yo estuve a la altura de las expectativas que algunas personas tenían sobre la plataforma, ni la plataforma y algunos de sus suscriptores estuvieron a la altura de las expectativas que yo había depositado en aquella experiencia.
Tampoco fue el fin del mundo, también te digo, lo que sí me llevé fue una profunda reflexión.
Un pincho de tortilla también es una forma de mecenazgo
Cuando cerré Patreon, me abrí una cuenta en Ko-fi, una plataforma que permite recibir pequeñas aportaciones voluntarias sin necesidad de establecer una suscripción periódica.
Me parecía una alternativa más cercana a aquella idea que yo tenía en la cabeza, pero… ¿Qué pasó con eso? Pues que lo mencioné un par de veces y después lo dejé criando malvas.
Ni lo promocionaba, ni lo compartía en redes, ni prácticamente me acordaba de que existía.
Un desastre, vaya.
Creo que, en parte, se debía a que yo misma seguía dudando de hasta qué punto era legítimo recibir dinero de aquella manera, como si aceptar una aportación voluntaria implicara estar pidiendo algo que no me correspondía.
Tiene narices, porque yo misma he hecho ese tipo de aportaciones a otras personas.
Cuando descubro el trabajo de alguien que me gusta especialmente, a veces me da el siroco y le mando cinco pavos, diez, dos…
Lo que me apetezca en ese momento y me permita el bolsillo, y nunca he esperado nada a cambio, me gusta pensar que quizá con esos cinco euros alguien se ha comprado unos pincelillos nuevos, se ha comido un pincho de tortilla donde la Bego o se ha ido al cine.
O que los ha utilizado para pagar la factura de la luz, que tampoco es ninguna tontería, porque apoyar el trabajo de una artista no tiene por qué significar financiar exclusivamente la producción de su siguiente obra.
Mi Ko-fi sigue metido en formol para cuando me dé la gana volverlo a compartir, porque ya he dejado de cuestionarme la legitimidad de recibir ese tipo de apoyo, es voluntario, no lleva aparejada ninguna promesa y, por supuesto, los ingresos que se generan están sujetos a las obligaciones fiscales que correspondan, no es dinero mágico que cae del cielo.
Otra cosa muy distinta es que yo quiera convertirlo en el sistema sobre el que se sustente mi actividad, que es un rotundo NO.
Y me quedé en Instagram, punto chivirita
Después de aquello me quedé en Instagram y punto chivirita.
Seguí volcada en mi trabajo y con Instagram he compartido mis proyectos, procesos, logros y vendido mis creaciones, no tengo ningún problema en reconocerlo.
No soy gilipollas, sé perfectamente que las redes sociales son una ventana para darme a conocer, tanto de cara a las ventas como a mi trayectoria profesional.
¿Un poquito de chulopiscineo? ¿Un poquito de dejar constancia, también para mí misma, de los lugares que visito y las experiencias que voy descubriendo por el camino? Pues un poquito de las dos, imagino.
Pero también me gusta expresarme sin ninguna intención de venta … Muchas veces tengo ganas de contar una cosa, pero solo de pensar en hacer un guioncillo, preparar el espacio, grabarme, repetir alguna toma, editar el vídeo y dejarlo listo para publicar, se me quitaban las ganas.
Con todo el curro que tengo, aquello que había empezado siendo disfrutón pasó a ser una carga.
Así que decidí que seguiría grabando vídeos cuando realmente me apeteciera, como complemento a mi universo creativo, quería utilizar las redes sociales para dar a conocer mi trabajo y no que mi trabajo consistiera en alimentar las redes sociales.
El gusanillo de volver a escribir – El Blog
Y entre unas cosas y otras volvió a picarme el gusanillo tecleador… Durante el último año y medio he estado escribiendo editoriales y algún que otro artículo para la revista Oficio y Arte- Organización de Artesanos de España, y el tema es que me ha removido.
Escribir ya escribo como parte de mi trabajo en mis propias publicaciones, pero me han entrado las ganas de escribir en abierto, de compartir píldoronas que no quepan o no terminen de encajar en una publicación concreta.
Aunque, ahora que lo digo, me doy cuenta de que tengo unos ovariazos como una casa, porque en mis publicaciones cuento lo que me da la real gana y como me sale de la ácrata potorra, que para eso me autoedito.
Pero vaya, que una cosa es preparar un libro, con todo lo que conlleva y otra es tener un espacio sin necesidad de que sea un proyecto mayor, ni un producto o vídeo…Así que he decidido recuperar el blog… Qué vintage.
Bautizado El Cuaderno Cavernario, no porque sienta que vuelvo a una época geológica anterior, sino porque forma parte del universo Bellotas y Claveles que he construido con Sr. Bellota (mi socio y compañero de vida, para lxs despistadxs). Nuestra tienda física y online se llama así y lleva por subtítulo Caverna de Artesanía Creativa, y ahora queremos que esa caverna tenga también su rincón digital para reflexionar, con textos breves o peroratas como la de hoy…Quizá también aparezca algún audio cuando tenga ganas de contar algo de viva voz, en plan podcast amateur….
No pretendo establecer una periodicidad ni comprometerme a publicar determinada cantidad de contenido, escribiré cuando tenga algo que contar..
¿Y ahora resulta que también voy a mandar una newsletter? Las Cartas Cavernarias
Pues sí, a los que queráis…Y os voy a confesar que mi primera reacción cuando me propusieron incorporar una newsletter a la nueva web fue de rechazo.
Pensé inmediatamente en correos comerciales spameadores y no quería convertirme en eso, pero me explicaron que podía convertirlo en otra cosa, una forma de correspondencia.
Un espacio más íntimo en el que compartir pensamientos, anécdotas personales, lecturas, sentimientos, momentos cotidianos, cosas que me cabrean, cosas que me entusiasman y hasta alguna consulta que me apetezca haceros.
Me pareció muy bonito verlo así, una sobremesa con moscatel y unas castañas, una conversación con un círculo de personas que han decidido voluntariamente estar un poquito más cerca de mí, sin membresías de pago y sin contenidos secuestrados… Sin que nadie tenga que sentirse obligadx a comprar nada.
Y siiiii…. quizá caiga algún descuentillo especial para esta comunidad dentro de la comunidad, que una cosa no quita la otra.
No sé exactamente qué forma irán tomando, y me apetece no saberlo la verdad. Lo que sí se me ha ocurrido es que cada Carta Cavernaria termine con una posdata de Óscar recomendando una canción… Las chapas mentaloides me las deja a mí.
Una habitación propia: bienvenidxs a la caverna
Y así llegamos al estreno de Bellotas y Claveles, esta nueva casa digital que hemos preparado donde conviven nuestros proyectos pirujos, nuestra marca de camisetas Manojito de Claveles (desde 2014 con ella ya eeehhhhh!!!) y los eventos que podamos realizar.
Como conclusión, en este espacio no quiero que todo lo que hago sea gratuito, porque necesito vivir de mi trabajo, pero tampoco quiero que todo lo que hago tenga que estar a la venta, ambas cosas pueden convivir perfectamente.
Tenemos la TIENDA (para que os gastéis los dineros), tenemos EL CUADERNO CAVERNARIO (Blog cultural y de opinión gratuito) y la suscripción a CARTAS CAVERNARIAS (newsletter más intimosa)…
¡Bienvenidxs! Pasad, comprad, curiosead, leed lo que os apetezca y, si os hace ilusión, dejadnos una carta de vuelta.
Fdo. Amaya
PD.: Estrenamos posdatas musiquillas, de manera especial, en este primer cuaderno cavernario:
Dead Moon Night, de Dead Moon (1989).
Abrimos el portón de la caverna para que entre la luz de la luna y podáis curiosear dentro.
Fdo. Sr. Bellota
